Hace pocos días en una concurrida rueda de prensa en Lisboa el Secretario General del Partido Comunista Português, Jerónimo de Sousa, presentó públicamente la candidatura comunista de Francisco Lopes a las elecciones presidenciales de 2011. El PCP describió su candidatura como “de izquierda, patriótica y vinculada a los valores de Abril”. De esta forma, Lopes se suma ya a otros tres candidatos (todos hombres) que han decidido competir por el sillón del Palacio de Belém, aunque todavía se espera al menos una candidatura más.
Si los pronósticos no fallan, serán finalmente cinco los principales candidatos presidenciales que participen en estos comicios a celebrar el próximo año: Francisco Lopes (PCP), Manuel Alegre (PS y BE), Defensor Moura (independiente), Fernando Nobre (independiente) y muy posiblemente Aníbal Cavaco Silva (actual Presidente de la República), cuya reelección estaría respaldada por la derecha (PSD y CDS-PP).
Sin embargo, todas las miradas se centran en la izquierda portuguesa, ya que sus candidaturas presentan varias peculiaridades. En primer lugar, la candidatura más aclamada hasta el momento es la del escritor Manuel Alegre, dirigente del Partido Socialista que ya lanzó su candidatura presidencial en 2006 sin contar con el respaldo de su propio partido. Este diputado socialista crítico se presenta de nuevo, pero en esta ocasión arropado sorpresivamente por el PS y el Bloco de Esquerda. En segundo lugar, llama la atención el relevo generacional que se produce en el PCP. Jerónimo de Sousa, Secretario General del partido y candidato presidencial en dos ocasiones (1996 y 2006), decide dar un paso atrás y la candidatura comunista estará representada por Francisco Lopes, electricista de profesión y actualmente diputado y miembro del Comité Central del PCP.
Se produce ahora la enésima división de la izquierda alternativa portuguesa. Una historia sembrada de desencuentros se traduce hoy en este peculiar panorama electoral, en el cual el BE ha decidido no presentar candidatura propia y respaldar, no al candidato presidencial del PCP, sino a Manuel Alegre, junto al PS. Importantes sectores del BE han solicitado ya reconsiderar esta controvertida decisión y convocar una convención extraordinaria para su debate, pero la determinación parece estar tomada.
El Bloco de Esquerda se declara una organización política socialista y anticapitalista y entre los objetivos de su fundación aparecía la transformación del mapa político portugués. El BE ha jugado un papel político fundamental en la última etapa: por un lado defendiendo firmemente las conquistas y los derechos sociales y, por otro, sirviendo de baluarte para intentar frenar las políticas neoliberales de los últimos gobiernos del PS. Trayectoria esta que le ha permitido conquistar notables avances electorales. Sin embargo, ahora se equivoca con rotundidad y comete un gran error político y estratégico que muy previsiblemente tendrá consecuencias para su futuro inmediato.
Parece poco coherente pensar que una fuerza política con estas características pueda respaldar fervientemente una candidatura encabezada por un socialista crítico, pero al fin y al cabo dirigente de un partido que lleva varios años gestionando desde el gobierno el desahucio del ya maltrecho Estado del Bienestar portugués. Así, el BE no sólo renuncia a presentar una candidatura de perfil propio en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales, sino también rehusa representar a las bases de la izquierda alternativa que rechazan tajantamente los abusos de los gobiernos de José Sócrates. Son necesarios nuevos espacios de confluencia, donde la izquierda política y social se encuentre, pero en concreto este modelo de convergencia no parece ir en una buena dirección.
Es evidente y probable que este complejo escenario electoral lleve a una segunda vuelta, donde los esfuerzos por frenar a la rancia derecha portuguesa puedan llevar a articular (como en otras ocasiones) un amplio frente de izquierda en torno al candidato progresista que mayor apoyo electoral consiga. No obstante, hasta ese momento la izquierda alternativa tiene candidatura propia, y es la de Francisco Lopes. La responsabilidad del PCP es ahora inmensa. En sus manos está conseguir convocar a la izquierda portuguesa en torno a una candidatura de izquierda, patriótica y popular y saber representar una alternativa política real para las trabajadoras y los trabajadores que sufren hoy los perversos efectos de la crisis capitalista. Una candidatura “vinculada a los valores de Abril, a la democracia política, económica, social y cultural y a un Portugal soberano e independiente” sigue siendo imprescindible.

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